¿Qué huella dejas en tus clientes?

footstepsinsandHace dos días, a la salida del cole, mi hija apareció con cara de acelga diciendo que le dolía el oído. En otras ocasiones ha tenido episodios de otitis, así que me fui al Centro de Salud y, tras la espera del que no tiene cita, el pediatra me confirmó lo que sospechaba. Salí con la receta en la mano dispuesta a comprar la medicación para iniciar cuanto antes el tratamiento.

Me dirigí a la farmacia más cercana. Tras darme las buenas tardes, la persona que me atendió (no llevaba identificación alguna que dijera si era farmacéutico, auxiliar, un comercial…), se limitó a coger la hoja y la tarjeta sanitaria, pasarla por el ordenador y entrar a la rebotica a por el medicamento para regresar, cortar el precinto y decirme el importe de mi compra. Sin más, apenas me miró a la cara y mucho menos me explicó cómo debía preparar y administrar el medicamento. ¡Eso sí que es una cara de acelga y no la de mi hija!, pensé yo.

Esta experiencia en farmacia ajena me hizo reflexionar. ¿Qué huella dejo en mis clientes?

Estar tras el mostrador debe ser algo vocacional porque si no es así la jornada se puede hacer eterna.

Empezar saludando con una sonrisa sincera es lo primero y principal. Debemos empatizar con el cliente mirándole a los ojos, preguntar y escuchar aquello que le inquieta, resolver todas sus dudas y confirmar que ha entendido todo lo referente a su tratamiento.

Hay que ser profesional y demostrar seguridad y confianza ante el consejo que damos, adecuar nuestro lenguaje al de la persona a la que atendemos y, siempre que podamos, salir del mostrador para que nuestra cercanía y preocupación ante los problemas de salud del paciente queden más patentes todavía.

Tenemos que mimar a nuestros clientes de siempre y enamorar al que pisa por primera vez la farmacia para conseguir que seamos la primera opción en el momento en que necesiten un buen consejo de salud. Que un paciente vuelva y te recuerde lo bien que le fue el producto que le aconsejaste es lo más gratificante que nos puede dar nuestra profesión.

Afortunadamente somos mayoría los que levantamos cada día la persiana motivados para hacer lo que mejor sabemos: velar por la salud y el cuidado de quien lo solicite.

No perdamos nunca la pasión por nuestro trabajo, sólo así la “cara de acelga” seguirá siendo la excepción.

 

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